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jueves, 2 de noviembre de 2017

Diferencias de la Acción Oblicua con la Acción Pauliana

   


  Las principales diferencias entre dichas acciones son las siguientes:



ACCIÓN OBLICUA

ACCIÓN PAULIANA

Procede en los casos de un deudor inactivo en el ejercicio de sus derechos y acciones contra sus respectivos deudores.

Procede contra el tercero que adquiere derechos a título gratuito u oneroso o mediante actos fraudulentos del deudor insolvente.
El acreedor actúa en nombre propio pero ejerce un derecho ajeno, el de su deudor.
El acreedor actúa en nombre propio y ejerciendo un derecho también propio que le es conferido por el legislador.
Los demás proveedores se aprovechan y benefician del ejercicio de dicha acción, por cuanto concurren con el acreedor demandante en el cobro de sus créditos.
Sólo se beneficia el acreedor que la intenta, con quien no concurren los demás acreedores, pues del bien recuperado sólo se aprovecha el acreedor que demanda la acción.
Supone necesariamente un elemento de naturaleza intencional, como es el fraude, en el que concurren el deudor y el tercero.
No se requiere necesariamente el elemento intencional, pues puede tratarse simplemente de un deudor que no ejerza sus derechos y acciones.
Es indiferente que el crédito del acreedor sea anterior o posterior en fecha al del deudor.
Es necesario que el crédito del acreedor sea anterior en fecha al acto fraudulento.
Persigue el ejercicio de los derechos y acciones de un deudor inactivo en el ejercicio de los mismos.
Persigue la inoponibilidad, respecto de quien intenta la acción, de actos fraudulentos efectuados por el deudor


ACCIONES PROTECTORAS Y CONSERVATORIAS DE CRÉDITO


   


  Como bien es sabido, el  patrimonio del deudor es la garantía del crédito del acreedor, tal como lo dispone el artículo 1864 del Código Civil, y dicho patrimonio está formado no sólo por los bienes y derechos que el deudor tenga en un momento dado, sino también por los que en el futuro entren a formar parte de su patrimonio (art. 1863 del C.C.). Siendo así, es obvio que el acreedor tenga un marcado interés en la conservación del patrimonio de su deudor, pues mientras ese patrimonio se conserve, mientras aumente, mayor garantía tendrá el acreedor de ser satisfecho en su respectiva acreencia.  Para proteger ese legítimo interés del acreedor, el legislador le confiere determinados derechos y acciones destinados a impedir que un deudor doloso (o culposo, negligente o imprudente) sustraiga, oculte, enajene o disipe ese patrimonio y disminuya o haga desaparecer así las garantías de su crédito.

     Al respecto sostiene Maduro y Pittier (2007), que “el deudor tiene plena libertad de administrar y enajenar los bienes que integran su patrimonio. El derecho del acreedor  es poder exigir al deudor una conducta determinada, generalmente sin vinculación directa con ninguno de los bienes que integran el patrimonio del deudor; por ejemplo, la prestación de servicios que debe el trabajador a su patrono”. Ahora bien, es preciso destacar que el patrimonio del deudor es una garantía potencial, que solamente se manifiesta dado el incumplimiento de deudor.

     Estos derechos y acciones con los cuales el legislador faculta al acreedor para asegurar su crédito, han sido sistematizados por la doctrina en tres grandes categorías, a saber:

     1.- Acciones o medidas ejecutorias o ejecutivas: Son aquellas por la cuales el acreedor a través de los órganos jurisdiccionales del Estado, y una vez obtenida una sentencia definitivamente firme y ejecutoriada o un acto equivalente, aprehende parte del patrimonio del deudor, para cobrarse con su valor el respectivo crédito. Es el caso de la ejecución forzosa de la obligación por equivalente.

     2.- Acciones cautelares o preventivas: Son las denominadas por nuestro Derecho como medidas preventivas, aquellas que no tienen como fin inmediato la ejecución del patrimonio del deudor sino la aprehensión de parte del mismo para asegurar su existencia o impedir que el deudor pueda disponer de sus bienes, para poder así en lo sucesivo preparar la respectiva ejecución. Estas medidas están consagradas por el ordenamiento procesal, sólo pueden ser decretadas mediando un juicio, y son: el embargo de bienes muebles, la prohibición de enajenar y gravar bienes inmuebles, el secuestro de bienes determinados y las medidas cautelares innominadas (art. 588 del Código Procesal Civil).

     3.- Acciones conservatorias: Son aquellas acciones con las cuales el legislador faculta al acreedor para impedir el perjuicio que pueda causarle un deudor que disipe o enajene fraudulentamente su patrimonio, o no ejerza las acciones legales contras sus respectivos deudores. Son llamadas acciones reparadoras o conservatorias, pues tienden a reparar el perjuicio que sufriría el acreedor al ver disminuido el patrimonio del deudor por dolo o culpa de éste, y además procuran la conservación de dicho patrimonio, única garantía de su crédito. 

     Estas acciones conservatorias son las llamadas acción oblicua, subrogaría o indirecta; y la acción pauliana, llamada también acción revocatoria o de fraude y la acción por simulación.


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